Porque tú y yo discutimos, estamos quince días bien, quince mal, y cada quince no estamos. Porque tú eres tú y yo soy yo, cada quien por su camino. Porque tú te vas por las ramas y yo me escondo detrás de los árboles y así no hay quien encuentre a los problemas. Porque cuando no es uno, es el otro, y si no nadie es nada pero el silencio lo destruye todo. ¿Sabes qué? Somos terriblemente imperfectos, no pegamos ni con cola, pero dicen que los polos opuestos se atraen. Y, porque a pesar de todo, es como si estuviésemos unidos por una goma elástica, cuando ambos tiramos tanto que parece que se va a romper, de un golpe seco vuelve a su sitio, donde nuestras sonrisas son la energía y las discusiones nos hacen ser cada vez más fuertes.
Tú sigues a mi lado y yo, yo al tuyo.
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